Este Hombre pasó de ser un Multimillonario, a Vivir con su perro y un maniquí en una Isla desierta.

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La historia de David Glasheen la podría interpretar el mismo Tom Hanks rememorando la película ‘Náufrago’, aunque en esta ocasión habría que cambiar algunos detalles de la trama.

Este hombre de 74 años pasó de vivir en la abundancia a quedarse sin nada a raíz del crack bursátil de 1987. Con su negocio de la minería del oro en Papúa Nueva Guinea consiguió amasar una fortuna que alcanzó los 25 millones de euros.

Sin embargo de la noche a la mañana lo perdió todo y se vio sumergido en un desconcierto vital; la petición de divorcio de su mujer tampoco le ayudó, según reportó el diario español ‘La Vanguardia’.
El cambio a su vida llegó en 1993, año en que visitó Restauration Island, una isla deshabitada situada al nordeste de Australia. Su flechazo con este lugar le llevó a trasladarse allí en 1997 junto a su novia. Pero el amor no le duró demasiado tiempo y su pareja le dejó para volver a la ciudad.

Aquella ruptura terminó por convertirle definitivamente en un náufrago abandonado a su suerte, bajo la compañía de su perro Quasi y un maniqui.

Los pocos visitantes que navegan con sus yates por estas aguas paradisíacas son las únicas visitas que recibe.
Como el protagonista de la obra más famosa de Daniel Defoe ‘Robinson Crusoe’, David Glasheen lleva 27 años viviendo en Restoration, una isla casi deshabitada frente a la costa noreste de Australia.

Pero a diferencia del famoso marinero, que tuvo que aprender a sobrevivir prácticamente sin nada tras naufragar la embarcación en la que viajaba, este ex empresario australiano de 69 años decidió voluntariamente en 1997 dejar la civilización para empezar una nueva vida en la isla que ha convertido en su hogar.

Atrás dejaba un lujoso tren de vida , para embarcarse en una aventura en la que ha aprendido a vivir con lo justo. «Ahora valoro lo que es importante: la confianza, la honestidad, el respeto, en definitiva, las cosas simples»

Aunque a veces siente el peso de la soledad, Glasheen se considera «un tipo afortunado» por vivir en un lugar paradisiaco, intentó buscar una pareja con la que compartir su nueva vida, pero tras fracasar en el intento ha terminado conformándose con un maniquí de plástico. Sin embargo, no pierde la esperanza:”Confío en encontrarme algún día con una sirena en la playa”, bromea.

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